Pepe Eliaschev — Conspiradores en Momentos Dificiles

El fallecimiento de mi amigo y colega, el periodista argentino José “Pepe” Eliashev, me recuerda una historia que merece ser contada. Pepe falleció de cáncer de páncreas en Buenos Aires, el 18 de noviembre de 2014. Tenía 69 años. Durante décadas fue un comentarista y locutor de radio muy popular en la Argentina.

Como jóvenes periodistas de la Associated Press en Nueva York en los años 70, Pepe y yo nos convertimos en conspiradores para frustrar el intento de los editores que supervisaban América Latina de censurar o de limitar las noticias sobre la dictadura militar derechista.

Yo trabajaba en el World Desk en la oficina de AP en Nueva York. Mi trabajo consistía en editar, transmitir y a veces cubrir las noticias del exterior, en inglés, para nuestro servicio mundial en Europa, Asia y África.

Pepe se sentaba a unos metros de mí en La Prensa Asociada –la sección de América Latina que traducía y transmitía noticias en español a México, América Central y Sudamérica. Algunos redactores de esa sección eran, como Pepe, exiliados de países cuyos regímenes represivos dificultaban el periodismo y lo volvían peligroso.

Quedó pronto claro que algunos redactores eran también escandalosamente de derecha e incluso hacían comentarios despectivos sobre los periodistas que trabajan a su lado. En particular, algunos de los editores latinos apoyaban la dictadura argentina, la que en aquel momento estaba sumida profundamente en la Guerra Sucia, que acabaría matando o “desapareciendo” a más de 20.000 personas. Esos editores no sabían que yo hablaba español y que podía oír lo que estaban diciendo.

Pepe me dijo que algunos de los jefes estaban interceptando –“desapareciendo”– historias que podían “avergonzar a la Argentina”. Los editores latinos podían desechar las historias que llegaban habitualmente y además impedir que Pepe, y otros de la sección, cubrieran historias que eran relevantes para la Argentina y una vergüenza para la dictadura.

Sabíamos, sin embargo, que no podían bloquear esos artículos –las inquietudes del gobierno de Carter con respecto a los derechos humanos o el papel de la Iglesia Católica, por ejemplo– si éstos se originaban o seleccionaban en la sección en inglés. Así es como Pepe me informaba cuando alguien trataba de eliminar una historia que pintara negativamente a la dictadura argentina. Todo lo que yo tenía que hacer era guardarla y publicarla en la línea internacional en inglés. Los forzábamos, de esa manera, a traducirla y trasmitirla vía las líneas noticiosas sudamericanas.

La maniobra tenía su importancia, porque muchos diarios de América Latina censuraban sus propios reportajes internos por razones de seguridad, pero las historias que venían de la AP en Estados Unidos podían publicarse con mayor facilidad.

En 1978, en plena Guerra Sucia, hubo una historia que recuerdo en particular. Pepe me dijo que una de las Madres de Plaza de Mayo estaba en Nueva York lista para ser entrevistada.   Hice la entrevista y redacté una historia nacional e internacional sobre los esfuerzos del grupo para encontrar a los niños robados de sus padres prisioneros y asesinados.

Pepe y yo tratamos de no llamar  la atención –esa historia y otras aparecieron en el cable latino como era nuestro propósito. Nuestro único objetivo era asegurar que se pudiera acceder a todas las noticias. Fue una gran satisfacción.

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Filed under Journalism, Latin America

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